Convocatoria Red mundial alternativa de Educación Superior e Investigación

El 25 de mayo de 2018, mientras se celebraba en Parí­s otra cumbre neoliberal relacionada con el proceso de Bolonia, «France insoumise» organizó un día de debates en la Asamblea Nacional titulado «Por una universidad europea insubordinada».

Después de este día, a la que contribuyeron muchos investigadores, académicos, estudiantes, activistas asociativos, sindicales y políticos provenientes de todos los horizontes y de diferentes países (Alemania, Argentina, Colombia, España, Francia, Grecia, Italia, Reino Unido, Suecia…), todos los participantes decidieron lanzar una convocatoria para la creación de una red mundial alternativa de Educación Superior e Investigación (ESI).

Su objetivo es triple: combatir, en todos los paí­ses y en todas partes, la implementación de polí­ticas neoliberales; federar y dinamizar las luchas locales, nacionales e internacionales, actuales o futuras; demostrar que las propuestas y programas de ESI alternativos ya están listos o en desarrollo.

Encontrás adjunto más abajo el texto de esta convocatoria, «Ciencia para todos, no por dinero», con la lista de los primeros signatarios.

Puedes firmarlo enviando un correo electrónico a pol@u-pec.fr indicando tu apellido, nombre, actividad (académico, investigador, estudiante, jubilado, etc.) y paí­s. Las firmas colectivas (partido polí­tico, sindicato, asociación, colectivo) también son bienvenidas.

Siéntete libre, por supuesto, de hacer circular esta llamada a su alrededor, recordando la dirección pol@u-pec.fr donde puede enviar las firmas.

Tan pronto como se haya alcanzado un número suficiente de signatarios en todo el mundo, las y los convocantes se pondrán en contacto contigo para construir los siguientes pasos juntos.

Esperando tu respuesta, y esperando contarle pronto entre los miembros de esta red.

 

CIENCIA PARA TODOS NO POR DINERO

En todo el mundo, la Educación Superior y la Investigación están sometidas actualmente a la doctrina de choque del neoliberalismo, donde el conocimiento se percibe como una mera forma de mejorar la competitividad de la economía, como una posible fuente de beneficios y como una herramienta de control para los gobiernos. Esta agenda neoliberal de la ciencia se implementa a través de un nuevo modo de gestión pública en el que los estudiantes, profesores e investigadores deben convertirse en emprendedores de su capital cognitivo y de su reputación. Lejos de los ideales cooperativos de la ciencia y la educación, las universidades y las instituciones de investigación se manejan como empresas, compitiendo entre sí para atraer a los “mejores” estudiantes e investigadores. Los grupos de investigación y los cuerpos colectivos de trabajo son aplastados casi sistemáticamente. Se supone que los administradores de la ciencia deben buscar fondos y subvenciones para emplear a una masa cada vez mayor de personal precario, cuyos bajos salarios contrastan con los ingresos cada vez más altos de una nueva élite gerencial encarnada en los
presidentes o vicecancilleres de las universidades. El sufrimiento en el trabajo afecta a la mayoría del nuevo proletariado intelectual. Por otro lado, la locura de la evaluación, la presión para “publicar o perecer” y la privatización de la publicación científica conducen a un número creciente de publicaciones, lo que amenaza tanto la calidad de la investigación como la transmisión abierta del conocimiento. Esta guerra material, en la que la austeridad va de la mano de la privatización, está acompañada de una guerra ideológica orwelliana en la que las palabras, escritas en un lenguaje pobre y mentiroso, pierden su significado. El deseo de reconocimiento de cada uno conduciendo a la servidumbre de todos, los valores de la competencia y el utilitarismo están ganando terreno en nuestras comunidades científicas, donde los individuos están cada vez más aislados y temen ser excluidos del juego.

Afortunadamente, han surgido resistencias, tanto en los países en los que la aplicación de estas políticas era la más desarrollada (tal como Gran Bretaña o Chile) como en aquellos donde no lo están tanto (Francia, Alemania o Canadá, especialmente la región de Quebec). En todas partes, las movilizaciones proponen alternativas a estas políticas neoliberales, muy próximas entre sí, tanto en términos de valores como de medidas concretas. Lo más importante es que todos compartimos la opinión de que el conocimiento forma parte del patrimonio común de la humanidad y que su valor depende de que se comparta con el mayor número posible de personas. Los otros componentes de la alternativa a la ciencia neoliberal provienen de este principio.

Primero, la universidad debe ser libre. Pero la lucha por la abolición efectiva de los derechos de matrícula exige también que se reconozca a los estudiantes el derecho
a una asignación financiera sustancial que les garantice su autonomía, ofreciéndoles los medios para ocuparse de la manutención y el alojamiento y el tiempo libre para estudiar.

En segundo lugar, los profesores y los investigadores no sólo deben tener salarios y pensiones decentes, sino que también se les deben conceder puestos plenos con fuertes garantías de independencia. Esta es una condición necesaria si queremos evitar conflictos de intereses entre la educación, la ciencia y los poderes del dinero y la política.

También deben beneficiarse de créditos a largo plazo, sin tener que dedicar gran parte de su tiempo a solicitar un número cada vez mayor de subvenciones y proyectos a través de procedimientos burocráticos espantosos ni tener que justificar constantemente el uso científico de los fondos que se les asignan. Sólo a este precio podrán reivindicar su derecho al tiempo, sin el cual no es posible ningún progreso intelectual real, ninguna ciencia libre y ninguna educación libre, sólida y coherente.

Por último, la democracia debe estar en el centro de las universidades y las instituciones de investigación. El debate crítico con los ciudadanos y la colegialidad de las decisiones deben sustituir a la gestión de arriba hacia abajo procedente de burócratas celosos e incompetentes interesados únicamente en estimular la competición y la llamada “excelencia”.

La emergencia social y ecológica a la que se enfrenta actualmente todo el mundo representa un interés general común que debería impulsarnos a unirnos si queremos hacer frente a todos estos retos. Ahora es necesario un desarrollo masivo del conocimiento científico para garantizar la transición ecológica de nuestras sociedades y escapar de la catástrofe que se avecina. La inversión pública, que tiene que ascender al 3% del PIB de las naciones, debe dedicarse a los servicios públicos de investigación y educación superior. También tenemos que contraatacar de manera
organizada: es hora de construir una alternativa global en la que académicos y científicos, estudiantes y ciudadanos defiendan los tres pilares de la educación superior y la investigación gratuitas: independencia de la producción científica e intelectual, crítica libre y transmisión ilimitada del conocimiento.

Nosotros, los firmantes de este llamamiento, miembros de la comunidad académica y de investigación o del movimiento social en su conjunto, venimos de todas partes del mundo. Nos comprometemos juntos a promover los valores de la crítica, la colegialidad y la cooperación en la ciencia y la academia. Defendemos universidades e instituciones de investigación bien dotadas y libres de intereses privados. Luchamos contra las precarias condiciones de trabajo y promovemos un sistema alternativo de publicación científica en el que el conocimiento es libre y abierto. Pedimos la constitución de una red de solidaridad internacional y del desarrollo del conocimiento para todos.
Septiembre 2018

Lista de los primeros signatarios
Abraham Yves-Marie (Canadá), Akbulut Bengi (Canadá), Allouch Annabelle (Francia), Beaude Pierre (Canadá), Perro Pastor Mauricio (Argentina), Bissonnette JeanFrançois (Canadá), Bitoun Jan (Brasil), Bitoun Pierre (Francia), Davi Hendrik (Francia), Dávila Jorge (Venezuela), Deneault Alain (Canadá), Doralice Maia (Brasil), Durand Folco Jonathan (Canadá), Escamez Sacha (Suecia), Ferrand Laure (Francia), Fonseca Paulo (Brasil), Girard Charlotte (Francia), Guay Charles (Canadá), Guay Emanuel (Canadá), Harari-Kermadec Hugo (Francia), Hawes Gustavo (Chile), Kish
Kaitlin (Canadá), Laurin-Lamothe Audrey (Canadá), Martin Eric (Canadá), MignotGérard Stéphanie (Francia), Modicom Pierre-Yves (Francia), Moysés Arlete (Brasil), Nunes Geraldo (Brasil), Pol Patricia (Francia), Rodriguez Juan Manuel (España),  Roque Alain (Francia), Rubin Sabine (Francia), Saint-Martin Arnaud (Francia), Slaughter Sheila (Estados Unidos), Sondarjee Maïka (Canadá), Sposito Maria Encarnação (Brasil), Theurillat-Cloutier Arnaud (Canadá), Tremblay-Boily Guillaume (Canadá), Tremblay-Pepin Simon (Canadá), Würmann Carsten (Alemania), ZagaMéndez Alejandra (Canadá), Zúñiga Mónica (Costa Rica)

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